
| El enfoque holistico centrado en la persona Autor: Sanchez Bodas, Andres - Argentina Publicación y Edición: Ediciones Lea ISBN 987-1257-09-0 |
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HACIA UN ENFOQUE INTEGRATIVO
EL ENFOQUE HOLISTICO CENTRADO EN LA PERSONA
Todo proceso terapéutico se inicia desde una demanda de ayuda de alguien que percibe la necesita, percepción que proviene desde algún nivel de disconformidad, desde un darse cuenta vivencialmente de alguna amenaza para la estructura personal que hasta ese momento se percibía “funcionando” adecuadamente.
Cuando esto acontece es porque una sensación de incongruencia se ha instalado e implica desacuerdos experienciales que producen ansiedad y malestares.
Nuestro sistema psíquico elabora y reacciona de igual manera que el todo orgánico que lo contiene y permite ser: cuando se siente amenazado se defiende.
Toda persona intenta primero reducir la tensión y encontrar respuestas de cambio, pero muchas veces no lo logra. En ella ha resultado fallido su intento, se ha paralizado homeostáticamente, frenado la homeodinámia propia del ser un organismo vivo, y/o ha generado conductas distorsionadas e inconvenientes para su lectura de verdad personal.
Es el momento de la consulta.
La función del terapeuta será tomar esta situación como una oportunidad y como un alerta en el camino de vida, para reformular nuevas alternativas.
Estamos ante un dato que se nos brinda para generar modificaciones que permitan al consultante ser la persona que desea o quiere ser.
La paradoja y/o contradicción del síntoma o malestar, radica en que este es por un lado un emergente positivo ya que tiende a equilibrar el sistema organísmico; pero al ser un dolor psíquico (del alma) es vivido como negativo.
La auto percepción del displacer es la principal motivación para buscar ayuda y procurar las autocorreciones necesarias.
Cuando una planta carece del clima adecuado, su pulsión vital la compele a buscarlo, su morfología tiene en si misma la posibilidad de sensores que captan la carencia, y que de alguna manera informan al sistema total, desde el cual se ponen en marcha todos los mecanismos para sobrevivir.
Si lo logra, su estructura regula homeodinámicamente su inserción ecológica, y el crecimiento continúa.
Cuando una persona confronta existenciales inadecuados para su propia percepción, (siempre real en tanto lo perciba así), el malestar se instala como señal que compele a la transformación.
Desde la autoexploración de nuevos recursos, la tendencia o pulsión vital humana busca nuevos caminos conductuales, si los encuentra, y si los logra colocar en acciones, satisfactorias para si misma, y los demás, el desarrollo personal prosigue su expresión existencial.
La Pulsión vital o tendencia actualizante son nominaciones que pretenden dar cuenta de una instancia de energía de vida, siendo representante de lo natural, atravesado por lo social en cada uno de nosotros.
En su particular entramado humano, genera la noción de si mismo, que permite autoidentificarnos, y poseer una impronta de ser siendo en conductas y sentimientos.
Por otra parte nos permite ejercer nuestro ser en el mundo que nos ha tocado co-existir, sea desde el Mi (propium sentido) como desde el Yo (propium adquirido).
El ego en el sentido sartreano, integra ambas instancias, y permite que la conciencia fluya en el existir.
Es también una energía autopoyétiva (autogeneradora), que nos compele a sobrevivir, a estar con otros, a proyectarnos y a procrearnos para persistir como especie.
La Pulsión vital humanizada facilita que emerja el deseo, y desde él la energía busca canalizarse a través de caminos e improntas que demarcan, o pretenden hacerlo, la desarmonía experiencial a la cual estamos destinados.
Nuestra impronta humana nos instala y compele a ser el que somos, con y desde las cosas. Vivimos en contextos, entramas, urdimbres y redes vinculares, entre las cuales circulamos el deseo de ser persona.
Este, el Deseo, es lo nodal de la conciencia prerreflexiva que nos constituye.
A veces el camino se detiene, se traba, se dificulta, se distorsiona, y nos confundimos, sufrimos, y vivimos angustiados.
A veces nos encontramos paralizados ante un cruce de alternativas, sin saber para que lado tomar.
A veces podemos esperar, otras nos compele una decisión.
A veces no encontramos los recursos en nosotros mismos.
Poseemos la condición de sufrir y darnos cuenta de la percepción de un pathos que se instala, y que nos sirve de señal que, como impronta de su constitución, la pulsión vital tiene prevista para evitar su detenimiento o distorsión.
Como las luces rojas del tablero de un automóvil, nuestro sistema organísmico avisa desde la sensación de una incomodidad experiencial, vivenciada desde el propium que somos.
Algo no funciona para nosotros mismos, o para los demás vinculados con nosotros.
Si se percibe el mal estar como experiencia intrasubjetiva, y/o desde y en los distintos niveles de la vida vivida con otros, el organismo se defiende ante la amenaza.
Ante esta percepción se generan conductas insatisfactorias que se instalan y persisten, y en ese caso la persona tiene dos respuestas posibles: intentar resolver el conflicto desde si misma, o pedir ayuda.
Ambas posibilidades son parte de la elección que brinda el estar vivos, y están vinculadas a las características de la construcción personal, en relación al nivel del desarrollo que ha logrado y a la intensidad del sufrir del cual se tenga autocontacto.
La posibilidad de pedir ayuda es una condición existencial de la persona, en tanto co construida en otros.
Si ha sobrevivido hasta aquí, es porque ha recibido algo positivo de sus otros significativos, en los distintos momentos de su transcurrir como persona.
Pedir ayuda es un emergente de la pulsión vital o tendencia actualizante, que en su estar siendo humano, incluye esa posibilidad.
Quien pide ayuda es, entonces, una persona que ha percibido alteraciones en su funcionamiento humano, se siente más ansiosa de lo que puede tolerar, u observa que realiza actos que perjudican a los demás o a si mismo.
Tiene, a su vez, un cierto grado de conciencia de que es en algo responsable por lo que siente o hace.
También se percata de su incompetencia para resolver sola el problema, o el conflicto, tanto porque no encuentra recursos en si misma, o los que se le aparecen no la satisfacen plenamente y/o empeoran la situación.
Sus sentimientos y conductas, comportamientos y pensamientos, se les imponen como no deseados, siendo insatisfactorio su estar en el mundo.
Algún nivel de incongruencia es vivida por quien decide pedir ayuda, algunos niveles de desacuerdos entre la experiencia, el Mi, el Yo, el ideal del yo o el yo ideal, dificultan su pulsión vital.
Alguna constante del sistema auto correctivo que somos, no logra ajustarse coherentemente con el deseo de ser quien queremos ser y estar.
Si, como dijimos, nuestro sistema tiende a auto regenerarse, nos encontramos ante una contradicción de la experiencia del sufrimiento sintomático establecido.
El malestar, manifestado como conducta establecida con cierta permanencia siendo síntoma, es un emergente equilibrador que encuentra la pulsión vital.
En la contradicción esta el camino del cambio.
Si la disociación del si mismo en polaridades que se desencuentran y traban el crecer y desplegarse, producen displacer, la auto percepción del mismo es la motivación que tiene la persona para buscar ayuda y auto corregirse con desde otro.
En síntesis:
Nos encontramos ante un orden que se ha turbado, perturbación, de la cual hay constancia organísmica previa y post al acaecer del sufrir.
Cada persona, en concordancia con su historia, posee un nivel de tolerancia a la inevitable desarmonía vital, y aún cuando este no es superado, la expresión humana del crecer continúa su trayectoria.
En estos casos, los seres humanos vamos realizando permanentes correcciones que nos permiten fluir adecuadamente y en coherencia con el camino elegido para trascendernos. Cada nueva experiencia se enlaza con el sistema que somos, auto modificándonos hacia adelante, siendo entonces personas en bienestar.
En cambio, cuando alguna experiencia colisiona "dentro nuestro", nos invade y transgrede, perturbando e interfiriendo la ecuación que éramos hasta entonces sentida como bienestar, produciendo un impacto en el organismo que reniega de si mismo.
En esta instancia nos encontramos, cuando el malestar nos avisa que algo anda incorrectamente, y pedimos ayuda.
EL PROCESO DE AYUDA
Un proceso de ayuda se da al establecerse una relación entre dos partes:
consultante y consultado, estando este último preparado, profesional y personalmente, para brindar ese servicio.
Una persona solicita ayuda porque alguna de sus constantes vitales se le ha quebrado, y su organismo, desde el doble registro orgánico y anímico (organísmico), le ha dado señales de incongruencia.
El ahora denominado consultante ha recurrido a sus auto recursos pero sin lograr resultados favorables para sí mismo, ni para sus seres más cercanos e importantes.
La persona, como la naturaleza, se siente mal ante el contacto con algún nivel de desarmonía percibida como tal.
Ante esta instancia solicita ayuda.
¿Que nos pide esta persona?: que la ayudemos a superar su problema y a realizar cambios que favorezcan un sentirse mejor (bienestar), y quizás también a alcanzar una mejor forma de vivir su vida.
Ante esta demanda realizaremos algunas acciones vinculadas al verbo ayudar, el cual deviene del latín: a por ad (dirección) y iuvare (ayudar).
Ayudar es entonces brindar una dirección y un sentido a la ayuda.
Este verbo es sinónimo de amparar, asistir, apoyar, auxiliar, colaborar, cooperar, proteger, secundar, socorrer, contribuir y favorecer.
Tiene como antónimos perjudicar, abandonar y dañar.
Los ejes de nuestro accionar deberán acercarse a los sinónimos, y alejarse de los antónimos mencionados, siendo necesario convertir en gerundios a los verbos facilitadores que hemos mencionado.
Por lo tanto, proponerse facilitar el Desarrollo Personal, impone al Facilitador ciertas condiciones, destrezas y recursos, que predisponga para poder ir, desde una escucha empática e incondicional:
Acompañando
Amparando
Asistiendo
Apoyando
Auxiliando
Colaborando
Cooperando
Protegiendo
Secundando
Socorriendo
Contribuyendo
Favoreciendo.
Esta conversión de los verbos que implican el ayudar nos indican en su forma verbal invariable, una expresión de acciones que solo se ejecutan en presente.
Disponerse para ayudar a crecer y desplegarse como persona resolviendo los problemas que lo dificultan y creando el clima necesario para ello, nos coloca ante un proceso que tiene varios niveles de análisis.
Estos surgen del interjuego comunicacional de las tres variables de toda relación de ayuda:
a-la persona y problema del que consulta.
b-el fácilitador de la ayuda, de la profesión que sea.
c-el proceso o encuentro de ayuda.
En tanto este libro está escrito con la intención de mostrar mi modalidad terapéutica, nos centraremos en las cualidades que considero necesarias de un profesional idóneo en este Enfoque.
CONDICIONES NECESARIAS DEL TERAPEUTA
Un profesional que se dedique a promover transformaciones hacia el
Desarrollo y Despliegue Personal, debe poseer dos cualidades básicas:
1-Capacidad de alcanzar una Escucha Holística. 2- Recursos metodológicos que permitan conversaciones personalizantes.
1-La Escucha Holística:
Basada en el centramiento en la persona, abre una actitud de acercamiento a lo que el otro dice-hace ante y con nosotros, atentos a ambos polos de la relación en tanto esta escucha sea de carácter vincular incluyente del nosotrear.
Dado que toda acción de escuchar es inevitablemente intersubjetiva, nuestra propuesta es hacerla desde un lugar de captación fenomenológica.
Este modo de acercarse busca un encuentro lo más libre de amenazas posible, facilitando una apertura que posibilite revisiones de los constructos perceptuales.
Estos son el camino de la auto transformación, en tanto descubren motivos y liberan energías que se encontraban trabadas.
La cualidad de esta escucha implica una modalidad de acción:
A: Ser lo más libre posible de juicios previos y condiciones de valor.
B: Estar alerta y orientado tanto a los contenidos racionales como a los emocionales y sentimentales explícitos e implícitos.
C: Despojarse de variables de contexto, para poder alcanzar lo esencial discriminando percepciones de fondo de aquellas que son figura
D: Poner en juego una atención flotante e intuitiva.
E: Coloca el amparar, asistir, auxiliar, y los otros verbos mencionados como disposición actitudinal de escucha y encuentro amoroso.
Desde esta manera de Estar Presente, importa atender al:
-Vínculo terapéutico, es decir como se establece la relación nosotros.
-Como se auto percibe la persona que consulta (imagen de si mismo/s).
-Como percibe a los demás en relación consigo mismo, y como se relaciona con los otros (vínculos con el mundo).
-Como elabora su discurso pensante, tanto con respecto a si mismo como lo que construye hacia/con los demás (sistema cognitivo).
-Como se contacta con sus sentimientos y emociones, estando alerta a los grados de compromiso con sus sensaciones sentidas.
-Como expresa con su cuerpo lo que dice con sus palabras.
-Como significa su motivo de consulta.
-Como ubica y dimensiona su problema en relación a su vida toda.
-Como están implicadas las distintas áreas de su expresión vital.
-Como está en juego su escala de valores éticos morales e ideológicos.
Estar alerta y contactado es el eje de esta postura, que desde la mirada holística de la persona del consultor/facilitador, se encuentra entramada en todas las variables de la escucha.
La intención de mínima es centrada en el problema de consulta, poder comprender y comprender aquello que muestra y pide el consultante, para ayudar a resolverlo.
Desde esta posición, la intencionalidad de la escucha esta referida a la resolución de problemas, y por lo tanto la captación primordial que se prefiere en esta circunstancia es aquella que permita dilucidar la mayor cantidad de datos implicados en la motivación de la problemática, y en los auto recursos puestos en juego anteriormente en forma fallida.
Esta postura, toma en principio, al problema como figura y como fondo a la persona.
La intención de máxima, es estar holísticamente centrado en la persona, y demarcando una posición mucho más profunda y comprometida, la de alcanzar algún momento de confluencia de conciencias para compenetrarse emocional y cognitivamente en el núcleo quiasmático Ego Mi Yo del consultante.
Compenetrarse es una acción compartida a través de la cual se entraman los dos núcleos, el del consultante y el del consultor, en circunstancias vinculares puntuales y momentáneas, desde donde se observa simultaneidad experiencial.
Desde allí, siendo dos-uno, es posible colaborar para la transformación de la persona en el despliegue del ser siendo del/los consultante/s.
Esta segunda postura subsume a la primera, por lo tanto no la anula, sino que la integra, dado que todo consultante viene a vernos porque tiene un motivo más menos concreto que lo aflige y pretende resolverlo.
Escuchar como facilitadores del Desarrollo Personal, es estar presentes desde una actitud y una mirada fenomenológica holística e integradora.
Es por un lado prestar atención a la persona como un todo, e ir despojando paulatinamente variables de contexto que perturban un acercamiento profundo, para alcanzar las experiencias primordiales.
Estas últimas son aquellas que han impregnado al organismo de construcciones que hacen a la auto imagen, y condicionan acciones y sentimientos, dado que las personas actúan, se conducen y sienten, tal como perciben y se auto perciben.
Es entonces importante estar atentos, y tomar en cuenta todo aquello que el consultante vivencia como importante.
Si logramos comprometernos en este nivel de escucha profunda tanto del consultante como de nosotros mismos en la acción de escuchar, podremos acceder paulatinamente a un nivel de relación, que además de facilitar la resolución del problema, genere nuevos caminos para la pulsión vital personal, tanto en el camino del crecer como en el del desplegarse.
Si partimos del concepto que nos ubica ante un alguien que ha obedecido a construcciones preestablecidas de manera rígida, y que desde allí está auto respondiendo a las nuevas necesidades que le indican las actuales contingencias de vida, nuestro lugar debe ser en algún aspecto el de lo inesperado.
Sabemos que se espera que un otro alguien, en este caso nosotros en el aquí y ahora, brinde nuevas respuestas desde un punto de vista profesional.
Si solo aceptáramos esa propuesta del consultante, es probable que lo ayudáramos a resolver el problema, pero le impediríamos encontrar su propio camino, al instalarnos nosotros como otros condicionales.
Si hiciéramos esto, ocuparíamos el rol psicoterápico tradicional, aquel que implica relaciones cosificantes, y que de acuerdo al filósofo Martín Buber (1878-1975), se denominan Yo Ello.
Ante el Tú y el Nosotros está la posibilidad del encuentro, ante el El, Vosotros y Ellos, es la distancia la que prima y funda el alejamiento.
Se toma al otro como Tú, cuando se busca crecer arriesgándose.
Se toma al otro como El o Ello, cuando se necesita seguridad ante el temor, por lo tanto alguien debe orientarnos.
La persona se co-construye en los tipos de vínculos.
Cuando predomina el YO- EL o ELLO estamos ante un crecimiento inmaduro dependiente.
En cambio el YO-TU genera personas maduras creativas libres y arriesgadas.
La escucha basada en el YO- EL ELLO (la de la Psicoterapia tradicional) toma a la persona como objeto, busca datos, brinda seguridad y tiende a la curación de lo que supone enfermo.
Esta última postura se ubica desde un lugar del saber, y pretende "la restitutio at integrum", es decir una salud supuesta desde un escuchar basado en un conocer lo que está bien o mal para cada uno de nosotros.
La nuestra, la de promotores del Desarrollo y Despliegue Personal, no pretende la cura, dado que no hay nada que remediar (dar remedios), ni ningún tipo de ideal objetivo a alcanzar.
Cada uno debe descubrir sus propias capacidades, redimensionar sus necesidades, y dar permiso a sus deseos, sabiendo de la imposibilidad de la concreción total, y que siempre estaremos inconclusos.
Nuestro camino de ayuda apunta a una exploración compartida que permita a la persona que consulta reinstalarse en un espacio de bienestar.
Nuestra escucha deber ser por lo tanto aquella ubicada en el lugar del ser catalizadores comprometidos con la auto actualización del consultante, aquella que cada uno crea alcanzar, sabiendo de su incompletud humana, y sintiéndose satisfecho con el lugar en el mundo que se logre.
Es entonces un escuchar especial, inesperado por empático vincular incondicional, generador de un contexto de resignificaciones profundas.
La posibilidad de resignificar y resignificarse permitirá de esta manera a la persona que consulta:
-circular los distintos niveles de su devenir conciente individual.
-revisar su existencia y el sentido de la misma.
-conocer el significado de su conductas actuales, sean emociones, sentimientos o comportamientos, y engarzarlas con el todo que se es.
-resolver el problema en relación a darse permiso para un giro/cambio.
-permitirse crecer desde un querer vinculado al deseo.
-desplegar sus potenciales.
-colocarse en el camino de la personalización que estaba detenida.
Esta modalidad de estar atento al otro en todo lo que me dice, se dice, hace, se hace, me hace, y a nosotros mismos en la relación, en lo que decimos, nos decimos, hacemos, nos hacemos, posibilita la certeza del estar presentes.
Desde esta actitud el consultante se sentirá escuchado, podrá co escucharse con nosotros, para luego escucharse a si mismo y desde allí tomar las decisiones necesarias para cambiar y transformarse.
Este escuchar debe estar teñido de intencionalidad hacia el desarrollo personal, desde una filosofía que de esperanza y sentido a lo humano.
Instalada esta presencia, el profesional debe procurar y promover un estilo comunicacional que ayude a su consultante en la búsqueda, y el encuentro de nuevos caminos de personalización.
Si alcanzamos a crear un vínculo donde predomine la certeza del ser escuchado y respetado incondicionalmente, sintiéndose digno de consideración por un otro, el consultante puede aspirar a una adecuada relación de ayuda, tal como nosotros la entendemos.
En esta instancia es apropiado el aprendizaje de modalidades, recursos y destrezas, que conlleven un modo conversacional personalizante.
2- La conversación personalizante
Referir a conversaciones personalizantes, es apuntar a modos de interacción comunicacional que permitan:
1-descubrir el libre fluir de la conciencia.
2-liberar la pulsión vital personal.
3-alcanzar conductas y acciones con coherencia de sentido humano.
4-lograr vínculos en donde predomine el amor como acción que constituye al otro como otro significativo para si mismo.
Existe un objetivo por parte del consultor o terapeuta que debe tomar en cuenta la conformación del ser humano, su desarrollo como especie, y la coconstrucción de cada uno en eso que llamamos Sociedad.
Sabemos acerca del carácter predado del Tú (el otro) y del proceso constitutivo del ser sujeto de si mismo a través de un nosotros (la coconstrucción).
Conocemos a quienes somos en la ínter subjetividad "nosotreante".
Cuando el niño se autodescubre se manifiesta como si mismo, se auto encuentra y se distingue de los demás reconociéndose como Yo, proceso que realiza siempre en simultaneidad con el nosotros.
La conciencia de si mismo es conciencia encontrada con otros, siendo entonces un acto de confluencia de conciencias.
Si nuestro niño ha tenido la posibilidad de un adecuado estar juntos, comienza a caminar su ser siendo persona.
La persona que nos consulta está en algún lugar detenida en su tránsito personal, y como lo ha notado (apercibido) pide ayuda.
La persona que hoy nos consulta precisa que nosotros generemos un estar juntos que implique momentos de confluencia de conciencias para, desde ellos regenerar un acercamiento a si misma desde un lugar diferente al que estaba instalada.
Como sabemos que nadie descubre a nadie, o en todo caso nos descubrimos juntos en un espacio de encuentro, de esto se trata la conversación personalizante, de encontrar modos para generar encuentros.
Estas modalidades tienen que estar en acompañamiento consonante con los tres niveles de comunicación humana: verbal, corporal, e imaginaria.
Podremos entonces hablar de conversaciones personalizantes de carácter verbal, de signo corporal y de función imaginaria.
Esta división es una discriminación artificial, hecha para facilitar la explicación en este texto, dado que las personas, cuando interactuamos lo hacemos siempre en los tres niveles, integrados como una totalidad en relación.
Se observa, a veces, la predominancia de uno por sobre el otro, y es en esas circunstancias que nuestra atención se focaliza en el modo figura por sobre los que son, en ese ahora presente, los modos de fondo.
Esta focalización es la que permite cierto nivel de instrumentación basada en modalidades de abordaje emergentes de distintas líneas de la Psicología Humanística, que en forma epistemológicamente congruente podremos ir integrando.
Al trabajar desde el Enfoque Holístico Centrado en la Persona (op.cit."Estar Presente"1997), pretendemos entramarnos en los distintos modos de expresión humana mencionados, con recursos múltiples.
La integración de recursos corporales e imaginarios en concordancia con el proceso de conversación personalizante es la base de nuestra propuesta.
Cuando ponemos atención al modo verbal observamos que en este hay niveles de contenido y de sentimientos.
Los contenidos remiten en principio a descripciones formales (lo que se cuenta), información, comentarios, evaluaciones y juicios, en donde lo racional/cognitivo hace eje de las descripciones emitidas por los consultantes.
Los sentimientos se entraman explícitos o implícitos, atravesando en un continum de menor a mayor el nivel de los contenidos.
Las personas hablan acerca de lo que les pasa y de lo que sienten con lo que les pasa, describen sus motivos y los sentimientos implicados.
Ante estas expresiones de índole verbal, tenemos que elegir maneras de responder que sean coherentes con la escucha planteada al principio.
Hablamos entonces de modalidades operativas que sean útiles para el consultante en tanto personalización planteada como objetivo, y para que la relación vincular vaya accediendo de niveles menores a mayores de profundidad en el encuentro de ayuda.
Para operar en este nivel elegimos la modalidad del Enfoque Centrado en la Persona, leída desde un modelo Holístico integrador.
Hemos dicho que las personas al comunicarse verbalmente lo hacen desde dos canales que se entraman en forma espiralada en su discurso, sea este manifiesto o implícito.
Ante esta espiral comunicacional, nuestra intención es ir ayudando a una mejor auto comprensión, para lo cual debemos testear la información que aparece chequeando con el consultante, a modo de ensayo y error.
Una vez alcanzado cierto nivel de certidumbre compartida entre los participantes de la relación acerca de lo que se ha querido decir, pretendemos concentrar conceptos, e hilar adecuadamente construcciones perceptuales que en un fluir de sentido puedan dar aclaración al problema de consulta, y las razones emociones y sentimientos que lo implican, ligándose reflexiva y vivencialmente.
El proceso deviene, la mayoría de las veces, de menor a mayor complejidad y elucidación de significados, siendo la confrontación y el chequeo de percepción de contenidos un elemento fundamental en estas primeras etapas. Los momentos claves en este intercambio son aquellos en los cuales se alcanza una síntesis conceptual, que engloba y resume lo que se esta queriendo decir. Establecido un sistema cibernético (de mutua generación ininterrumpida) de comunicación, las partes interconectan significantes y significados, percibiéndose un mayor sentido de aproximación que culmina en un darse cuenta o insigth.
Este darse cuenta es relativo al hecho comunicacional vincular que se ha establecido, y no pretende más que ir abriendo brechas de exploración compartida cada vez más profundas.
Es importante, para su proceso, que el consultante alcance asociaciones cognitivas que le permitan relacionar lo actual, con su historia y su proyecto vital.
Estas asociaciones permitirán realizar acomodaciones adecuadas desde una propia perspectiva, permitiendo hacer cambios favorables para su persona y los otros relacionados con el problema.
Es por otra parte fundamental la revisión de su sistema de creencias en general, y en particular aquellas que impliquen los motivos actuales de su mal estar.
Nuestra tarea, en este nivel de análisis de los contenidos verbales, será acompañar las descripciones, ayudando desde nuestras intervenciones la develación de lo que es fondo por sobre lo que es figura.
Este develar, apunta a tomar contacto con los distintos niveles de percepción que pueden darse en el continum de conciencia que somos ante nosotros mismos y los demás.
Este develar, para ser terapéutico, debe ser un co develar en el conjunto del vínculo consultante consultor, con la intención de evitar caer en la tentación, de ser guías interpretativos de los discursos, y por consiguiente instalarnos en el lugar del saber impidiendo la co revelación.
Para ello debemos estar muy atentos en la emisión manifiesta de nuestro discurso verbal.
El facilitador deberá entonces ser muy cuidadoso al introducir en sus intervenciones elementos de interpretación teórica o conclusiones propias, ante dificultades del consultante para efectuar los suyos.
En estos casos el método del "reflejo simple", o reiteración, del Dr.Carl Rogers, es muy útil para ir favoreciendo las reformulaciones del otro.
Realizar suaves confrontaciones que sirvan como aclaraciones son también formas de acompañar sin ser intrusivos, al modo de: ¿usted dijo que?..pero antes mencionó lo contrario, me está diciendo...esto....¿es así?
Este favorecer el descubrimiento de los elementos dados en y desde los contenidos verbales de la comunicación, permite alcanzar poco a poco una vinculación apropiada para el desarrollo de un proceso de ayuda. Las respuestas del profesional deben tender a favorecer en un clima libre de amenazas emocionales, una expresión cada vez más libre del “material” verbal y emocional, reformulando lo que el consultante comunica, haciendo síntesis, e invitando a testear en conjunto.
La persona debe ser ayudada a acercarse a su mundo de percepciones en un aquí y ahora, que le permita una mayor apertura perceptual (abrir el juego) tomando más conciencia de sus problemas y haciendo una exploración del compromiso y de los recursos personales que posee para resolverlos.
El uso adecuado del silencio empático y respetuoso, de preguntas de carácter abierto que impliquen respuestas también abiertas, de intentos de clarificación compartida, de suaves indicaciones de encuadre, pueden ayudar ante las trabas comunicacionales.
El pasaje a la intervención verbal por parte del consultor o facilitador sobre los sentimientos implícitos en el relato verbal del consultante, es una instancia delicada, dado que sabemos que es a través de lo emocional que se regenera la energía fundadora de los cambios y las transformaciones personales.
Por otra parte, intervenir sobre los sentimientos es acercarse a lo más sensible de lo humano, tanto en lo positivo como en lo negativo de la experiencia vivida.
Sugerimos, en tanto coherentes con un acompañar, seguir una línea similar a la anterior, en donde el chequeo de lo dicho debe ser el eje posterior a la intervención.
¿Es esto lo que usted siente?
¿Me parece que la tristeza lo esta inundando?..¿es así? ....¿quizás el miedo es la causa?.....etc.
Carl Rogers denominó "reflejo de sentimientos" a un tipo de intervención similar en su forma a la reiteración, pero que apunta a acercarse al mundo emocional del cliente.
Es fundamental la atenta mirada del consultor acerca de la postura corporal, de gestos, de cambio de ubicación, de movimientos, de expresiones, en síntesis, de lo no verbal, mientras lo verbal discurre.
Si el consultante es poco expresivo o “acorazado”, es válido un cierto grado de auto compromiso, desde su congruencia, por parte del consultor, comunicando lo que piensa acerca de los sentimientos del consultante.
Este tipo de intervenciones deben ser nuevamente seguidas de búsquedas de corroboración, o por lo menos de expresiones manifiestas que indiquen que es un intento de comprensión y no “una bajada de línea” desde algún lugar de saber o certeza.
Apelamos a la congruencia y la autenticidad del consultor, para que juegue sus impresiones abriendo caminos donde parecen cerrados los accesos.
Si la relación se ha establecido desde una escucha atenta y respetuosa, es poco probable que el consultante se repliegue en dependencia a lo dicho/hecho por su facilitador.
Utilizar ciertas frases como:"intentando ponerme en tu lugar, me parece sentir"...o "quizás esto que cuentas te produce.".o preguntas como " es similar lo que a vos te pasa?"....etc, pueden favorecer el proceso de acercamiento a las sensaciones sentidas.
De todos modos, si a la persona le sigue costando conectarse son sus vivencias, y se maneja en forma auto exploratoria solamente en el plano de los contenidos, podemos contar con el silencio y la escucha empática, mucha paciencia y capacidad de espera, así como con los recursos emergentes de las conversaciones corporales e imaginarias.
Si se ha logrado captar el estado de ánimo del cliente, y se ha podido expresarlo de manera cálida y favorecedora, es muy probable que podamos promover la conexión de los dos niveles mencionados.
Entramos así en un tercer momento denominado por el terapeuta norteamericano Robert Carkhuff "respuesta intercambiable", que es fundante de un proceso a través del cual la persona puede ir accediendo a nexos causales, presentes o históricos, entre los contenidos y las emociones o sentimientos.
Es altamente frecuente observar que cuando los consultantes logran hilar, entramando significantes y significados (insight), se tranquilizan bajando su ansiedad o angustia.
Empezar a darse cuenta de porque pasan las cosas que le pasan, o cuales son algunos motivos posibles que le parecen entrever en sus relatos del mal estar, hace que los consultantes se relajen y comiencen una búsqueda más profunda.
Todos sabemos que es muy importante la catarsis como modo de relax, pero también hemos aprendido que si solo de ello se trata, esa tranquilidad tendrá "patas cortas". Acentuamos la importancia de ayudar a disminuir la ansiedad porque hemos aprendido que mientras las personas están muy ansiosas "el árbol puede tapar el bosque", y el problema en lugar de ser eso, un problema a resolver, envuelve la totalidad de la persona.
Como ha dicho algún pensador Oriental: "lo complicado no es no tener problemas sino es el tener uno solo".
Cuando en la relación de ayuda se ha logrado llegar desde la conversación verbal, a encontrar nexos y asociaciones productivas, que dan cuenta de un progreso y profundización en la autoexploración a través de la cual el consultante va resolviendo sus problemas de consulta, podemos introducirnos en procesos de desarrollo personal o personalización.
Por lo tanto, desde un basamento continuo de escucha centrada en la persona, seleccionamos nuestras intervenciones para ayudarlo a salir de la ansiedad, centrándonos en su problema de consulta y con-centrados en lo que implica el todo de la persona.
Si la persona esta dispuesta y lo desea, planteamos un nivel más profundo de trabajo, aquel vinculado con el poder encontrar un sentido coherente al ser quien es siendo cada uno en el mundo, que denominamos facilitar el Desarrollo y Despliegue Personal.
Si en las primeras fases nos contentamos con la autoexploración para a través de ella lograr cambios conductuales que favorezcan un mejor vivir, en el presente podemos a posteriori iniciarnos en un camino de auto comprensión comprometida con el Ser.
Si antes, lo fenomenológico como método era suficiente, y lo existencial estaba de fondo, en esta fase del suceso terapéutico, esto último comienza a hacerse figura.
Es obvio remarcar que, por supuesto, está en nuestra filosofía de trabajo el ayudar a asociar el problema de consulta con todo el Ser aunque la persona consultante solo quiera ser ayudada en lo que consulta “sembrando el germen” de una posibilidad más profunda.
Insistimos en que somos un todo en funcionamiento vital, y el problema o conflicto es la persona y viceversa, por ello la diferenciación que hacemos es solamente de índole metodológica, y nos permite estar centrados en las necesidades y deseos del que nos consulta.
Nuestra tarea esencial es acompañar lo menos directivamente posible, facilitando el auto descubrir y la libre elección, pero si nos adentramos en el camino de la personalización podemos plantearnos ir un poco más adelante, a modo de guía, demarcando senderos posibles, apuntalando las posibilidades del consultante, haciendo énfasis en los auto recursos, pero también ayudando a explorar sus limitaciones.
Al utilizar la metáfora del guía sugerimos asociarla a la noción de maestro oriental, aquel que no dice lo que hay que hacer en tanto no posee ninguna verdad, sino que abre interrogantes nuevos, pregunta por sobre la pregunta, para habilitar la conciencia del otro en el encuentro de la propia respuesta para si mismo.
Este momento del proceso de ayuda nos acerca a la Filoterapia (terapia filosófica), en tanto va en el sendero de la pregunta por el sentido vital en lo concreto del cada día.
En relación a los recursos de las conversaciones verbales, el facilitador utilizará en mayor medida los reflejos elucidatorios, ideados por Carl Rogers. Es por ello que efectuará señalamientos, invitará a reflexiones y a la búsqueda de ideas ejes, que den cuenta del sentido de los problemas en relación a la vida toda de la persona del consultante.
Nos encontramos juntos, consultante y consultado, en mutuo conocimiento de una historia, tanto individual como social, así como de un aquí y ahora individual grupal, que se ha resignificado en este proceso de ayuda.
Para referirnos al momento de personalización podemos recurrir nuevamente a R. Carkhuff, quién nos habla de distintos niveles:
1-personalizar el significado.
2-personalizar el problema.
3-personalizar el sentimiento.
4-personalizar la meta, objetivo o finalidad.
1-En el primer caso, el facilitador interviene para ayudar al cliente a captar el sentido interno de la situación que esta viviendo, en tanto se sienta involucrado, lo que empieza a cambiar es el punto de vista con respecto a lo que se plantea. Puede observarlo y valorarlo desde otro espacio o lugar perceptual y hacerse responsable de él.
2-Cuando la persona se percibe responsable por lo que le pasa, comienza a personalizar el problema, viendo a este como propio, tanto en sus posibilidades como en sus límites o carencias personales.
En cuanto tomó contacto con la auto implicancia, en el sentido y causa de la situación que lo preocupa, puede hacerse operativo ante el problema.
Por ejemplo: "estoy triste porque trabajo mucho y veo poco a mis hijos", es una frase en donde esta tomando contacto con el significado de sus actos.
Cuando se logra decir "estoy triste porque no alcanzo a organizar mi tiempo de una mejor manera para ver más a mis hijos", observamos un avance hacia la solución del problema, y de la responsabilidad que le cabe a la persona frente a lo que le pasa.
3- En una avanzada hacia un otro, el tercer momento, el de personalizar el sentimiento, continúa la idea basal de hacerse cargo en este caso de los sentimientos y sensaciones sentidas.
La emergencia de nuevos estados de ánimo, más favorables, indican que vamos por el buen camino.
Tener sentimientos más favorables, en este contexto, no es necesariamente sentirse mejor, sino hacerse cargo de los mismos de una manera más integra y responsable.
Por ejemplo, no es lo mismo sentirse enojado porque la pareja no nos da más de su tiempo personal, que sentirse solo ante la misma instancia.
El primer sentimiento, indudablemente válido como tal, es hacia afuera, hacia otro al cual se le hace responsable del conflicto.
El segundo sentimiento, la soledad, es conectarse desde si mismo, haciéndose cargo de la vivencia y de la propio implicado en el conflicto.
De este último sentir pueden surgir propuestas de cambio que no conlleven una amenaza para la otra parte, y será posible, salvo que el otro tenga mala fe, o que la relación esté quebrada, un trabajo compartido para solucionar el conflicto.
4- Personalizar la meta es el cuarto momento que proponemos, en el cual se comienza a observar y detectar trayectos futuros, realizando conductas y comportamientos correctores que faciliten un mejor camino vital.
El proceso de ayuda va colocando al consultante en la posibilidad de imaginarse y proponerse acciones concretas de cambio y transformación.
La persona se ha auto explorado, auto comprendido, ha reconocido recursos posibles y limitaciones, han emergido nuevos estados de ánimo, y es entonces posible vislumbrar mejor un futuro de bienestar, para el cual hay que realizar acciones que lo promuevan y entramen en los deseos.
Pensar en metas y recursos para alcanzarlas es encontrarse con el lado positivo del problema.
Esta instancia nos posibilita reconocer que la dificultad tiene el sentido de revisar aquello que no estaba bien, y alteraba la libre expresión de la pulsión o tendencia vital.
Hasta aquí, desde la conversación verbal tanto en el nivel de los contenidos como el de los sentimientos, hemos facilitado el salir de una emergencia de consulta, comprender y comprehender motivos, y asociar la historia con el presente para imaginarnos un posible futuro.
Cada facilitador podrá incluir, de acuerdo a su formación, recursos corporales e imaginarios que enriquezcan la comunicación, y favorezcan mayores niveles de profundidad exploratoria y operativa.
Esta inclusión no debe violar una norma básica de nuestro enfoque: la no intrusión o la dirección hacia un camino o finalidad concreta deseada por nosotros.
Debemos afirmar enfáticamente que nuestro modelo es esencialmente no directivo, y que esto significa que el consultante es el que puede, y si lo desea, buscar su propia dirección.
Ser no directivo no es ser pasivo, un escuchante que no hace nada, que solo acompaña al otro sin intervenir, o solo reflejando verbalmente.
Ser no directivo es ofrecer la dirección del proceso a la relación terapéutica, a ambas partes de la misma en una confluencia de conciencias.
Ser no directivo en una relación de ayuda es poder salirse del lugar del saber y del poder, para que el que pide ayuda pueda encontrar con nosotros la propia potencialidad, que sin duda posee.
Desde nuestra experiencia y buen saber, el uso ¨delicado¨ de los aportes de la Terapia Gestáltica de Fritz Perls, del Psicodrama de Iacov Moreno, del Focusing de Eugene Gendlin, del Ensueño Despierto de Robert Desoille, de ejercicios de visualización creativa, de la Arteterapia de Nathalie Rogers, y algunos otros recursos afines, pueden ser muy útiles para facilitar el pasaje por los distintos momentos del proceso de Desarrollo y Despliegue personal que coordinamos junto con el consultante.
Estos recursos son ofrecidos a nuestro ayudado solo si estamos en simultaneidad de conciencias y entramados con la persona que estamos ayudando.
Cuando decimos que ofrecemos recursos complementarios para con la palabra, lo hacemos desde una mirada operativa en un mismo nivel que cuando disponemos de ella para reflejar, confrontar, y chequear lo que el otro nos esta comunicando acerca de si mismo y su problemática.
Estamos en una última etapa de un proceso de ayuda, la de facilitar una personalización que camina más allá de los problemas puntuales que trajeron a la persona a su consulta.
Es aquí donde observamos la presencia de preguntas filosóficas, fundamentalmente las vinculadas con el sentido vital.
Es también aquí donde se consolidan cambios profundos y duraderos, en tanto solo pueden lograrse cuando se instalan desde un nuevo proyecto de vida.
SINTESIS Y CONCLUSIONES
Las personas nos co-construimos nosotreándonos, y desde allí somos quienes somos siendo el ser persona que somos siendo.
El motivo de consulta oculta la detención de lo vital y encierra además del pedido de una resolución concreta, otro nivel de demanda, el del cambio y la transformación de la persona.
Nuestra capacidad de escucha y los recursos para la ayuda que poseemos, están disponibles para ambos niveles, el de la resolución del problema y el de la transformación personal.
Esta división en niveles es un recorte arbitrario para un mejor explicar nuestra tarea, porque aunque no nos propongamos explícitamente un proceso de Desarrollo Personal, al ser el organismo Humano de un funcionamiento vital recursivo, toda modificación que alcance por mínima que sea, moviliza todo el sistema.
La movilización en su tendencia autopoyética y homeodinámica, se abre siempre hacia el camino de expresión de la pulsión vital humana personal.
Una relación de ayuda que pretenda facilitar la personalización, si bien se realiza entre dos partes, una el consultante y otra el profesional consultado, debe tender como proceso hacia una unificación vincular, al encuentro del todos somos uno como camino de transformación profunda.
La utilización de un modo de escucha al generar conversaciones personalizantes de modo holístico apuntala una actitud y una utilización de metodologías que facilitan ese camino de auto elección vital.
Para ello y en síntesis:
-Nos colocamos en el rol de catalizadores comprometidos, desde una actitud comprensiva de índole fenomenológica.
-Elegimos una posición no directiva, en tanto el consultante debe siempre decidir por si mismo como y para donde resuelve su problema y encamina su vida.
-Nos entregamos lo más auténticamente posible, sin máscaras o fachadas profesionales que nos distancien o dificulten el encuentro.
-Aceptamos incondicionalmente al consultante.
-Posibilitamos conversaciones personalizantes.
-Asistimos en la resolución de problemas y satisfacción de necesidades.
-Acompañamos para el despliegue de potenciales personales.
-Procuramos comprender a la persona como integrante de un sistema relacional histórico presente y futuro.
-Tomamos en cuenta los datos de su historia, centrándonos en el presente y futuro, en tanto estos son los tiempos que resignifican el pasado.
-Nos apropiamos de una lectura y accionar sistémico desde donde incluimos, real o imaginariamente, a las personas que estén de una manera u otra relacionadas con la problemática del que consulta, evitando de esta forma caer en una lectura individualista, o solitaria que pueda enquistar al consultante en un camino cerrado o círculo vicioso narcicístico.
-Proponemos recursos técnicos, verbales propiamente dichos o integrativos del cuerpo lo imaginario y lo vincular, debiendo ser incluidos dentro de un clima relacional preexistente de tinte empático, que denominamos Empatía Centrada en el Vínculo (ECV), en donde las actitudes son necesarias y los recursos parte de ellas como cualquier intervención que surja de ese clima vincular.
Estas metodologías que decidimos utilizar deben dirigirse a favorecer la autoexploración y el autoentendimiento, tanto en los niveles de contenido como en lo emocional y sentimental.
Conocer y adaptarse a una manera de trabajar holística es apuntar a poseer recursos y/o metodologías para acompañar los procesos de crecimiento y despliegue de las personas desde lecturas multidimensionales y multimodales, y desde una posición no directiva ante aquel que esta sufriendo.
Multidimensionales, en tanto conocemos que los seres humanos somos una totalidad engarzada en varias dimensiones de ser y estar en el mundo, a las cuales debemos estar atentos mientras escuchamos a nuestros consultantes.
Multimodales por la posibilidad de ofrecer varios recursos de ayuda, centrados en las necesidades deseos y posibilidades que se generen en el vínculo de ayuda.
- No directiva, porque no poseemos la verdad, sino que somos auxiliares en la búsqueda que cada uno de nuestros consultantes inicia con nosotros.
Si con este tipo de proceso de ayuda, el consultante logra:
-Conocer sus motivos de consulta, encontrando nexos históricos presentes que fundamentan su problemática.
-Revisar sus construcciones perceptuales y alcanzar cambios en sus puntos de vista que regeneraron cambios favorables, tanto en lo inter como en lo intra personal.
-Superar su mal-estar.
-Saber mucho más de si mismo y de su entorno afectivo.
-Reabrir su pulsión vital y tener disponible gran parte de su potencial
-Confrontar el nivel de sus necesidades con el de sus deseos.
Puede alcanzar un adecuado nivel de desarrollo, adecuado en tanto brinda cierto nivel de coherencia y satisfacción en el diario vivir.
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-El pasado se resignifica en consonancia con el presente y el futuro.
-Se registran y comprenden líneas de elecciones vitales. (Sentido de vida).
-Lo cotidiano transcurre y se revela como instancia en si misma.
-Se discrimina mejor lo importante de lo urgente.
-Se toma la vida desde una mirada trascendente.
-Lo espiritual cobra una significación personal más intensa.
-Impera la humildad y la solidaridad.
-Se acepta al otro tal cual es.
-Se esta dispuesto a dar, sin importar tanto si se recibe.
Si estos logros se alcanzan, o se esta en ese camino:
Se integra una ética del estar vivos, coexistiendo con los demás, en la intención del no daño.